Mártires

Siempre presentes en la memoria de nuestra compañía

Entregar la vida por un ser querido, es algo que todos serían capaces de hacer en un momento en que existirá riesgo de vida para ellos, pero arriesgar e incluso entregar este bien, tan preciado para todo ser humano, por el prójimo, una persona que en ese instante no conocemos, es un acto que pocos están dispuestos a realizar. Sólo quienes llevan en lo profundo del corazón grabados los ideales y la verdadera mística del bombero voluntario, son capaces de realizar este acto de amor y entrega total, por quien en un momento de tragedia y angustia requiere la mano salvadora del hombre que se impuso voluntariamente; el deber de servir a la comunidad.


MÁRTIR GUSTAVO TOLEDO FUENTES (11 de enero de 1957)

El joven voluntario Gustavo Toledo Fuentes (Q.E.P.D), un 11 de enero de 1957 acude al llamado de la sirena del Cuartel General, que sindica como lugar amagado a la Ferretería de Frindt y Compañía, la cual arde por los cuatro costados.

En el abnegado combate de las llamas todos los voluntarios ponían sus mejores esfuerzos en el intento por extinguir las llamas que amenazan las casas aledañas. De pronto un grito ordena abandonar el frontis de la ferretería, ya que la muralla estaba próxima a caer. Sin embargo, el espíritu de lucha del voluntario Toledo lo encomienda a seguir en el combate, pero pronto el pronóstico se cumple y la pared cede.

El estrepitoso derrumbe deja bajo los escombros a tres voluntarios entre los cuales se encontraba gravemente herido Gustavo Toledo, su casaca ensangrentada no presagiaba un buen desenlace.

Rápidamente, sus camaradas lo trasladan al Hospital Regional donde ingresa ya moribundo. Tras incesantes esfuerzos por salvarle la vida fallece, dejando desazón en las filas de la Primera Compañía.

A los 24 años de edad este eximio voluntario se convierte en el cuarto mártir del Cuerpo de Bomberos de Temuco, y sin haberlo deseado, su nombre se une a la lista de valerosos bomberos que han dejado su vida en pos del servicio.

El ímpetu del voluntario Toledo es reconocido por los bomberos temuquenses, su traslado al camposanto se realiza en el carrobomba seguido por una vasta formación. Desde ese trágico día la memoria del voluntario Gustavo Toledo quedó grabada en todas las generaciones de la Primera Compañía, como una luz permanente del abnegado servicio que los bomberos de Chile entregan desinteresadamente a la comunidad.


MÁRTIR LUIS ARIEL GUERRERO RODRÍGUEZ (3 de diciembre de 1966)

Luis Guerrero Rodríguez (Q.E.P.D), uno de los capitanes más nóveles de los Cuerpos de Bomberos de Chile, en la plenitud de su vida, a los 21 años, cae en acto de servicio un 3 de diciembre de 1966.

En ese trágico día su abnegado concepto del deber lo lleva hasta el Regimiento Tucapel, donde se precisaba arreglar la driza del mástil de ese destacamento.

Para esta labor el joven capitán sube por la escala telescópica manual Karl-Metz, como muchas veces ya lo había hecho, sin embargo, su casco metálico se ve alcanzado por cables energizados, lo cual le provoca un fuerte golpe eléctrico que lo deja asido al tendido eléctrico.
Ante la premura de sus camaradas es bajado de la escala y llevado al Hospital Regional, donde es constatado su deceso.

La partida de este valioso voluntario llena de congoja y pesadumbre al Cuerpo de Bomberos de Temuco, pero en especial a la Primera Compañía quienes no logran comprender por qué el destino los golpea tan fuertemente entregándoles al quinto mártir del Cuerpo. Sus funerales fueron demostración de que Bomberos ha sido siempre una gran familia. Más de cuatro cuadras de formación acompañaron silenciosamente el cortejo fúnebre y fueron imagen exacta de la estima y valoración que se tenía por este voluntario.

El capitán Guerrero era estudiante de la Universidad Técnica del Estado, un hijo ejemplar y un bombero de excepción, muestra de ello fue que la Compañía, no obstante su corta edad, le había entregado la autoridad máxima de la Unidad Bomberil frente a una emergencia.

El capitán Guerrero tenía una marcada vocación de bombero y amor por el servicio comunitario, lo cual refuerza su gran valor como ser humano y llena de gloria su recuerdo, el cual está siempre presente en su querida Primera Compañía.

A pocas horas de sus funerales la Primera Compañía en un gesto simbólico rindió nuevamente honores a este valeroso servidor haciéndose presente en impecable formación en el lugar exacto del accidente para terminar el trabajo que había quedado inconcluso.


MÁRTIR ALFONSO EUGENIO CASTRO RIVAS (25 de septiembre de 1977)

Un 25 de septiembre de 1977 la sirena rompe el silencio de la madrugada Temuquense para llamar a los nobles combatientes del fuego.

Sin embargo, en esta ocasión el fuego hacía su desgraciada acción en la casa del voluntario Alfonso Castro Rivas (Q.E.P.D.).

Nadie podría imaginar la tragedia que se desencadenaría en este incendio. Las llamas rápidamente abrazaron con sus manos de pulpo a la inmensa casa de madera siniestrada.

En este tipo de circunstancias la labor profesional se ve influenciada por el cariño íntimo y no se escatiman esfuerzos ni amenazas en el intento de salvar a la propia familia.

Alfonso Castro, una vez que rescata a su esposa y dos de sus hijos vuelve a ingresar a la casa, que ya ardía por sus cuatro costados, para rescatar a sus dos hijos que aún se encontraban dentro, sin embargo, su acto de valentía fue abatido por las llamas en un pasillo interior de esta casa, donde cae finalmente.

Con gritos, llanto y desesperación sus camaradas lamentan el deceso del voluntario Castro, lo que se dejó notar una vez que este valeroso hombre faltaba a la formación, no porque así lo quisiera, sino porque el destino se lo impedía. El día 25 de septiembre de 1977, se enluta nuevamente Bomberos con el séptimo mártir.

   Sus funerales fueron una demostración de admiración, no sólo del Cuerpo de Bomberos de Temuco que lo acompañaron hasta su última morada en formación de 220 hombres y con delegaciones de 13 Cuerpos de la región, sino también miles de personas de la comunidad temuquense, vieron en el voluntario Castro Rivas un acto de señero heroísmo.

La campana del cuartel general resuena en la despedida del voluntario Castro y de sus dos pequeños hijos, mismo resonar que siempre quedará en la memoria de los voluntarios de la Primera Compañía.